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... Primavera 2009
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Salvatore Poeta
Vol. 1, No. 1, Primavera 2009 : Poesía

Cuando se me abren tus horizontes

Cuando se me abren tus horizontes
siento tu llamada hacia el inmenso mar de las voces pasadas,
antes de sentirme desintegrar en la sombra de un grano de arena;
de este grano de arena,
silenciosamente desprendiéndose
del inexorable desmoronamiento
de tus castillos en el aire.
Dios existe porque se me cura esta herida en el dedo.
Yo existo porque he visto a mi muerte
cultivar flores en los campos del olvido.

 

Busco antes de morirme

Busco, antes de morirme
un momento eterno;
no en el airoso ritmo de caballos de nube,
contemplados a la distancia silenciosa de alas metálicas,
sino en el retumbo de corazones
resbalando por cañones de un cráneo vivo.

Busco, antes de morirme
la mano calurosa de una verdad;
no en la muda rendición de la carne,
conservada cual secreto enmohecido en bolsillos del olvido,
sino en el momento exacto en que rompe la semilla
el himen de la tierra con su gemido vertical.

Busco, antes de morirme
los círculos concéntricos de una sonrisa azulina;
no en la monótona agonía de las olas del mar,
llamadas como tortugas hacia el horizonte,
sino en la mueca mística del delfín;
no en el río que recoge las lágrimas de una nostalgia moribunda,
sino en el hueco infinito de una nota musical;
no en la mirada indiferente de la jirafa,
sino en el curtido olor de una acera recién mojada.

¡Oh muerte, lo dejas todo tan perfilado!
Derramado en la calle como el cansancio gris de una lluvia invernal,
o la silenciosa sombra de una mejilla
pisada por los zapatos de charol de un recuerdo.

Cuando yo me muera,
buscadme en la indefensa resignación
del niño camino al mundo de los sueños,
o en el gong funerario de estas paredes antisépticas.

Dame, ¡Dios mío!, antes de morirme
un momento perfecto,
bajo el eterno silencio de una flor,
inmerso en el retumbante grito de un amor agonizante.

 

Nocturno

…Dormir…tal vez soñar!
-¡Ay! allí hay algo…
(Hamlet)

Cuando me presento en tu casa,
desvelando la quietud de tus flores nocturnas,
me siento abrazado por la intimidad de un respiro a punto de exhalarse;
soy lucero en tu universo,
delicadamente incrustado en la corona de tu eterna soledad…
Pero…escucha…
sigue algo desconcertante aquí.
¿Eres cuerpo o alma, vida o muerte?
¡Faltan ventanas en esta casa!
¡Necesito mirar más allá de estas paredes!
Es cuestión de perspectiva;
de que provoque el batir de alas de la mariposa
o el crujir de esta silla en que me siento,
y cómo serán conservados en la memoria fotográfica del universo…
Aquí estoy, luminoso, taciturno, solitario como tú,
pero ¡tan consciente de nuestra tragedia!
Dormir…nada más me hace falta dormir…

 

El Sordomudo

…y besando la semilla el Sordomudo,
durmiente en su mano la plantó
en un rincón de la eternidad…
…y se deshizo en lágrimas
solo
bajo un cielo nocturno…
…y se fue
mientras se comía de risa la Soledad.

En un rincón de la eternidad,
bajo un cielo nocturno,
unas flores lloran la muerte del sordomudo
mientras se come de risa la Soledad.

 

Cuando pienso en ti

Cuando pienso en ti,
se me vienen lágrimas a los ojos,
pero no son lágrimas de tristeza sino de gozo,
por haberme permitido
hundir mi arado en tus campos celestiales.

Los sabios dicen
que nuestro contacto será sólo espiritual,
¡pero es la carne, la carne
lo que me comprueba tu presencia!

No me convence la memoria elegíaca;
a ésta le faltan ojos para verte y manos para tocarte;
y, además, es un mero engaño de los poetas.

Si pudiese, aun, oír las campanillas
de las cabras huidizas con tu andar
o respirar el sahúmo intoxicante de tus tristes cabellos torturados,
saborear el sudor empapado en los pliegues de tu túnica,
quedarme despierto mientras rezas en el huerto de Getsemaní.

¡Quiero tocarte, necesito tocarte!

Dime, ¿soborearás mi carne al morirme,
cual áspera eucaristía mefistofélica?
¿Cómo probarte que tu creación existe de verdad,
que yo existo de verdad?

Ven, ven, hunde tu arado en mi mejilla,
para que el acerbo sabor de mi alma
se disuelva calladamente en los círculos concéntricos de tu pupila azulina,
y se rompa ya en mil pedazos este silencio vidrioso.

Cuando pienso en ti
se me vienen lágrimas a los ojos,
pero no son lágrimas de tristeza sino de gozo.

 

Mientras tanto

Y, mientras tanto,
voy a enterrar esta piedrecilla en el vientre de la tierra
hasta que vengas a desenterrarla;
pero que no lo haga, mientras tanto,
la paloma blanca, con su pico de oro y plumaje empapado de incienso.

Mientras tanto,
voy a enterrar la calavera de esta hormiga
en la palma inmaculada de una creencia;
pero que no venga, mientras tanto,
la purpúrea solemnidad de una penumbra a desdecirla.

Te quiero. Siempre te he querido,
y te querré hasta el fin del mundo;
y, mientras tanto, que todo esté quieto;
que no se apague un milímetro este sol,
y no transforme el cielo esta fisonomía cerúlea.

Silencio. Silencio. ¡Qué todo se quede tal como está en este instante!

¡Oh piedra enterrada en el fondo de la tierra,
quién te sentiría incrustada en el alma de una salvación!

Voy a entumecerme en este momento eterno
hasta que vengas a desenterrarme,
a rescatarme del dolor de estas lágrimas petrificantes.

Y, mientras tanto…Silencio…Todo quedo.

¡Oh corazón dormido en el fondo de este silencio,
quién te sentiría palpitando al ritmo del olvido!

Y, mientras tanto,
in pace requiescat.

 

¿Qué hacer?
(Poema en dos versiones)

1.

¿Qué hacer con la hoja que no quiere
desprenderse del árbol en invierno,
con el recuerdo aguado de una lágrima sin derramar,
o la solemne oración de una nostalgia
forzada a hacer una genuflexión
ante el silencio que esculpe el olvido?
¿Qué hacer…?

A la distancia una serpiente se enrosca
al tronco de un manzano
frotando sus ramas desnudas
con la lija de su lengua calcárea.
Mientras tanto una triste brisa otoñal
levanta un montoncito de hojas
hacia el escéptico viso de un cielo cristalino.

2.

¿Qué hacer…?

¿Qué hacer con la hoja que no quiere
desprenderse del árbol en invierno,
con el recuerdo aguado de una lágrima sin derramar,
o la solemne oración de una nostalgia
forzada a hacer una genuflexión
ante el silencio que esculpe el olvido?

¿Qué hacer con la serpiente que se enrosca
al tronco de un manzano
frotando sus ramas desnudas
con la lija de su lengua calcárea?

¿Qué hacer con la triste brisa otoñal
que levanta un montoncito de hojas
hacia el escéptico viso del cielo cristalino?

¿Qué hacer…?

Salvatore Poeta nació en Piazza Armerina, Sicilia, Italia, en 1952. Emigró a Estados Unidos, con su familia, en marzo de 1958. Se crió en Brooklyn, Nueva York, para luego mudarse a Pennsylvania en 1977 con motivo de realizar estudios doctorales. Recibió su doctorado en la University of Pennsylvania en 1982, con especialidad en la poesía española desde el Siglo de Oro hasta nuestros días. Actualmente es profesor asociado en lengua y literatura españolas en Villanova University. Además de haber publicado numerosos artículos sobre poesía y teatro españoles, con especial enfoque en Federico García Lorca, Salvatore Poeta es autor de un libro titulado: La elegía funeral en memoria de Federico García Lorca (Introducción al género y antología) (1990). Salvatore Poeta ha publicado sus versos en varias revistas hispánicas.

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