Category: Fiction / Prosa


Cristina Sánchez-Conejero
1ª edición: 21 diciembre 2010
ISBN: 978-0-9826491-1-4

Testimonio. Diario. Fábula. Memorias. Pensamiento. Una niña postfranquista es un texto repleto de observaciones íntimas y relevantes, que ayudan a comprender una época, un mundo nuevo, el nacimiento de una cultura que antes no tenía la libertad de vivirse y expresarse del todo. Ilumina un mundo que tantas veces se ha contado o como inmerso en el pasado o totalmente desconexo, pero que aquí vive y respira como el ambiente humano que es de veras.

Cristina Sánchez-Conejero presta a este volumen elegante el ojo del cineasta, el corazón y el arte del poeta, la inteligencia insistente de la profesora universitaria. Aprender de su narración no es sólo aprender de su vida; es aprender de la nuestra.

Cristina Sánchez-Conejero es profesora asociada de narrativa y cine español de los siglos XX y XXI en la University of North Texas. Recibió su doctorado de la University of California, Santa Barbara (2003) y su Masters de Villanova University (2000). Es autora de los libros académicos ¿Identidades españolas? Literatura y cine de la globalización (1980-2000) (2006), Spanishness in the Spanish Novel and Cinema of the 20th-21st Century (2007), y Novela y cine de ciencia ficción española contemporánea (2009), además de más de una docena de artículos publicados en revistas como Bulletin of Spanish Studies, Revista Hispánica Moderna, Hispanófila, Studies in 20th and 21st Century Literature y Crítica Hispánica. Es directora de la película Hispanosophy (2010), que también escribió y produjo.

Una niña postfranquista es su primera novela. [Leer más...]

La esperanza y el ensueño

Habían pasado más de seis meses desde que se habían mudado de casa y de zona de la ciudad. El chalet de Torrelodones les daba independencia. Lo habían elegido por seguridad, dominaba una amplia extensión de terreno, podían otear todos los puntos cardinales y habían colocado alarmas por todos los lados. Apenas había arboles que les impidieran la visión. Por esta razón tenían un amplio horizonte, podían ver todo el recorrido del sol y de la luna. A Mauricio le gustaba especialmente la luna llena cuando salía con toda majestuosidad desde el horizonte. Parecía que iba a poder tocar su enorme círculo naranja y a jugar con ella. Algunas noches no encendía ninguna luz y se quedaba en el patio para ver cómo esa luna hacía todo su recorrido hasta que se quedaba dormido en las noches de verano.

Ahora estaban preparados física y mentalmente para enfrentarse a todos los retos. Un espíritu de victoria los invadía, más a Mauricio, Genaro vivía el presente, recelaba del futuro.

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La Gran Vía era un hervidero de gente. Amenazaba lluvia, pero la temperatura era agradable. El invierno en la ciudad había sido particularmente duro, se habían resignado a quedarse en casa sin salir, y ahora lo hacían por venganza, no les importaba mojarse si caía algún chaparrón. Mauricio había decidido sacar a Genaro para que recuperara el pulso a la calle. Pero en primer lugar se pasarían por el gimnasio para entonar los músculos y hacer algunas catas. Recorrió con el coche el centro para pulsar el ambiente. Lo que ocurrió fue que también había ambiente en el tráfico, y eso le hizo cabrearse y arrepentirse porque perdería un tiempo que necesitaría si quería darse una vuelta cuando acabara el gimnasio para inspeccionar.

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Mauricio quería destacar en la vida para contradecir a su padre que, cuando después que cumplió los 16 años su única aportación a su futuro era recordarle que nunca llegaría a nada, que se parecía a su abuelo, que nunca dio un palo al agua.

No sabía su padre que lo que más le enorgullecía era que le comparara con su abuelo, que había sido coronel del ejército y que había luchado en las guerras de África. Se extasiaba cuando le contaba sus batallas y cómo había sobrevivido de milagro a todas ellas. Allí estaba retratado en un cuadro en el salón con su uniforme militar. Era la única representación de su abuelo que había en toda la casa. Sin embargo, su abuela estaba en varias fotos en distintas partes.

Él estaba allí con su casaca azul y sus entorchados y la medalla de la campaña de Cuba, con sus bandas azules, de la Marruecos, amarilla y azul, la del Sahara, blanca, azul y negra con su estrella y media luna, la cruz a la constancia, pero faltaban otras que vinieron después de ese retrato. Y su hijo decía que no había trabajado en su vida, porque se había limitado a vivir de un sueldo del Ejército.

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Sabia, indefensa, veo

La luna se aleja, no veo el camino; estoy lista, medito, pero el futuro no me pertenece. Por lo tanto, no duermo. Busco en las tinieblas, hacia las cuatro, mi nombre; ya no existe. Esta experiencia desconcertante me gusta, porque ayuda a definir los límites; sé hasta dónde tengo que limitarme en sociedad. Imagino que el yo, en general, es un fenómeno menos comprobado que lo que pensamos.

Hace años, mi madre me contó una historia: un hombre joven, viudo, fue a la montaña, a buscar a Dios; su desesperación se había convertido en su lema, su mantra, su melancólica densidad. La luna se alejaba. Solía postrarse y mirar hacia arriba, esperando poder decir el nombre de su mujer desvanecida: jamás pudo. Una vez, años más tarde, le contaría a su nuevo amor que en esos estrechos descubrió que el nombre del amado no existe; sólo existe su ser, su indicio, su llamado.

Ética, me decía mi madre. La ética es lo que nos une, y ese hombre había descubierto que todas las acciones son éticas. El insomnio es un terreno ético: ¿qué creas, de qué huyes, para quién te castigas, por qué? Me siento a veces más utilitaria que romántica, porque cuando amo, pienso que debería servir para algo. Él, cuando se fue, citó mi seriedad, diciendo que no podía encontrar la razón de su amor, que no me servía como amante.

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La segunda edición de la revista Naufragios, del grupo Taller Literario Pinzón Nueve, de Villanova University, se estrenó esta semana. Recoge otra vez contribuciones de muchos países, en literatura, crítica y arte visual. Abarca textos de poesía, cuento, ensayo y entrevista, con una infusión rica de pintura y fotografía.

Además de obras de los integrantes del taller literario —incluidos Carlos TrujilloMaría Elena Arias-ZelidónSilvino Edward Díaz BurnsRodolfo FigueroaAndrés González SánchezMagnolia Pérez GarridoSalvatore PoetaJoseph RobertsonCarolina Yancovic—, cuenta con la colaboración de escritores y artistas de once países.

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Of the Clock the Surge

What we are
what we might be
the charging resonance
of the clock
the surge and retreat
the streaming
inconsequential landscaping
of desire…

Awareness

I could hold a thousand ideas together at once in the awareness of you, in a deep listening for pulse and context, or a single thought that keeps expanding to allow all your cherished places and feelings, all your aspirations and doubts and dreams of consequence, to take root, a thought that is fragrant and is all colors and is love wanting a geography to cover like rivers and lightning, a brave springtime ripe with melody…

Glass & Rain

I sit surrounded by glass and rain
ruined but for glass and rain
hoping for something warm and visionary to emerge
and settle on the splinters of a monumental clarity
knowing how to touch and heal them

a world built on past decisions
on the stuff of wanting
on principle and disorder
at once my own and all that there can be
breaking over the rocky edge of time
speaking wanting comprehending

one telling silence shades the meaning of all else
hammers out a problematic melody
against the glass and rain
and sits swirling in the inauthentic warmth
of the cup that shares this wondering with me

Proposing Justice

liberty is flush exposed
proposing justice come to her breast
& remember there were ideal beginnings
even clutched & smothered in time
& remember that peace can only be
their daughter & is otherwise inviable…

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