Category: Numbering Sands (bilingüe)


Es un paisaje de relevancias inesperadamente centrales e imprescindibles que he descubierto en volver a pisar este territorio almado, sentido, visceral, es una geología de acontecimientos inmersos en el espíritu, confesiones casi imposibles, miradas que lo explican todo tan abierta como cautelosamente, un oleaje de necesidades que por suerte son también gustos y lujos, intermitencias y alas que nos llevan a algo más duradero : me doy cuenta a cada rato en estos días que veo posibles interpretaciones alternativas para mis sentimientos, que por reflejo voy rechazando, para después darme cuenta que no sería auténtico no reconocer que todo se se ve influenciado por el hecho de que me vea así forzado a dejar esta ciudad que tanto amor me ha proporcionado, y en la que tantas dificultades quedan irresueltas : amar y dejar a la vez llega a ser un conflicto que es también paradoja, que es insostenible, que tiene que decantarse en otras decisiones, tiene que ser amar para saber amar, estar para saber estar, y vivir lo que es un reto del momento, de este momento del camino, un proceso de enfrentarse con dificultades cuyo fin será posibilitar que esté más cerca del territorio donde ese amor existe…

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Aquí, en un cómodo y familiar rincón del Born, en sí un rincón del barrio de La Ribera, donde los sabores coinciden con la gracia y la calidez y uno se da cuenta, de repente y como si se recordara en el momento oportuno, de que la belleza está en todas partes, que en todo momento parece que está a punto de brotar, aquí esta noche se hablan castellano, catalán, francés, inglés, italiano, y estarán pasando cerca de aquí el alemán, el danés, el japonés, el urdu, el bangla, el yoruba, el aymara y el sueco, entre tantos más : una fuente del hebreo está cerca, es un ser constante y generoso, y hay que hablar del árabe, del tagálog, del brasileiro, sin duda cada uno a una distancia mínima : es el ritmo característico de cada día en esta hermosa y humeante Babel imprescindible, donde cabe hablar casi siempre del euskera, del checo, del bún, que tiene una sola conocedora de su escritura, la poeta que la inventó…

y con cada voz, la hechicera acumula fuerza de encantamiento, y elasticidad : se deslizan y se recombinan elementos sueltos de cada musicología lingüística, cada cultura melódica, cada nostalgia de primeras visiones de este mundo, paisajes de nacimiento y crianza, pero que por algo empujan todas estas energías hasta aquí, la armonía extrañamente cósmica de la canción ‘unforgettable’, gustos y tensiones particulares que no descansan y que bailan enmascarados por cada recoveco del Casc Antic : la sustancia de cada momento, de cada ser humano, está preñada de los recursos de exploración, gozo y ritual, de tantos miles de años, de generaciones, de poblaciones que no se asemejan a nuestra nostalgia, sino que palpitan inolvidables en el carácter, en los ángulos de observación, en los ritmos repetidos, los gestos y rechazos, los delicados y foráneos conceptos del ser, que indican sabor, lugar, atención…

En el momento, ¿qué falta? saber en qué estado se halla la salud o el destino que uno lleva toda una vida formulando? con qué fin? Pensarlo así, uno se da cuenta de que es precisamente eso que no se sabe : hay ligeros indicios de rumbo, de inclinación, de peso, momento y tendencia, pero la verdad es que sin jamás poder verlo venir, uno puede estar llegando al extremo de lo que su ser puede llegar a consumir de esta existencia, y por lo tanto, aquellas ansias de si va mal, si saldrá mal, de si todo ya se echa a perder, no tienen cabida, son una manera más de proponerse el fracaso, eso sí, pero sin ni fin ni eficacia vitales : la bestia solitaria, un pálido simulacro del verdadero ser, un idioma hablado mal por hablarse entre polos, entre el punto de su relevancia y el de su antítesis, la exploración visceral del olvido…

¿hace falta poder decir sí, eso eso, poder contener y exhibir un sumo estado de las cosas, un estatus supera en velocidad todas las corrientes de la abundancia? cuando de mil maneras, en cada momento, llega la evidencia de que de eso no se trata, de que ese proyecto es más pasatiempo que metafísica, más nerviosismo que investigación?

Llegan y se van, apartando las exigencias del reloj, del mercado, del viaje en sí, fabulosos y aplastantes, un manojo de desvíos y persistencias que hacen vibraciones en el imaginario vital : un momento todo parece ser oscuridad y el extremo silencio de enfrentarse solo con las exigencias de una perversidad económica, y otro la dudosa persistencia de un poeta en su trabajo de poeta, y en el próximo amor y plenitud, sabor y melodía : la duda, el fracaso, el pánico, la pérdida y la demora eterna se desmienten en estos ratos de acercamiento repentino a la llama, de epifanía en el darse cuenta de que lo que vive tanto dentro como alrededor de uno es fuente de luz y calidez y que puede y quiere y seguirá llegando a su vez, a lo que quiere ser o hacer en nosotros, en mí, en mi alerta y suavizado contorno…

cuando parece que no hay modo de sentir la alianza de la que uno depende o forma parte, las señales necesarias de cómo son las cosas llegan a citar y a traer a la participación también esperada : no siempre, no hay garantías, pero sí tendencias, intenciones, la posibilidad de trazar un hilo, un arco, una filigrana de cristal tan estirada que llega a parecerse a una lágrima tensada con miel : la “participación esperada” de uno, por uno mismo, por las fuerzas que puedan, por los elementos de un mundo propio que tengan derecho de esperar tal cosa, todo aquéllo sale de nosotros y nos envuelve en una narrativa coherente, que nos sirve de bálsamo y provocación, de shamán y verdugo…

eran las dieciseis veinticinco, una hora lila y de bergamot, una hora de payasos y de mímesis, de transporte, ruido, y de silencios impactantes mezclados con todo aquel tejido : esperaba y leía, sin saber cómo se presentaría la suerte, ni cómo se llenaría tal bar decimonónico de potencial y calidez : leía como el protagonista de un libro corto de poemas en prosa se puso a escribir un mundo fantástico, para darles vida a los seres que sólo en ese mundo fantástico podrían tomar forma, para que tuvieran la oportunidad de hablar, y de expresar su gratitud por lo que él había hecho, dedicando su tiempo a su desarrollo y profundización, a la lógica de que sólo ellos pudieran expresar lo que llevaba dentro…

misticismo, dicen, sueños, la imposibilidad de volver a algo que hace tiempo había huido de la escena, sin que nos diésemos cuenta, el fracaso que sólo se realiza en volver a ser algo que no es propiamente ningún fracaso : uno puede llegar a pensar, entre las cortinas de salmón y periferia, de una tarde estirada sobre un mármol bañado en sudor y suspicacia, que tienen razón, que el ensueño es demasiado, que lo perdido se escapó porque sí, que el mirar no es ver ni el escuchar oír : rezar podría ser, pedirle a alguna fuerza mayor algo de misericordia, de benevolencia, de cosecha y coincidencia, pero bastaba, bastaba con acudir y poder decir en el momento adecuado, que sí…

Es como si hubiera llegado, a través de un bosque jamás imaginado, sin recursos ni conocidos, a un lago en medio de la más remota de las esperanzas —que parece su ausencia— y donde no para la tempestad : tomo la lluvia de toda una noche como señal de que somos bienvenidos en este cosmos, acompañados cada uno por todos los fenómenos y desgastes, toda la competencia y sus lapsus vitales : vamos llegando a otoños sin otoño —por lo menos está en cada boca esa noticia—, recuerdos sin la eficacia de la forma, rituales sin doctrina, poesía sin lenguaje, texto sin pluma, tinta que no corre, y el olvido inmenso que reemplaza lo que antes era ser libres…

despejado remoto claro interno, con sentimiento y debilidad como estruendo, con las sagradas limitaciones de un ser vivo y creciente, inclinado hacia un mundo de melodías todavía inconcretas : una tarde al aire libre, un baño de sal y una picadura extraña de verano, se pierde en la temporada perdida un código que espercía crípticas riquezas y sendos monumentos al destierro : lograr compartir ese sentimiento de destierro, entre el sospechoso artificio de lo que nos hacemos vivir, es la máxima intimidad a la que muchos puedan ansiar llegar, porque ni el paisaje temporal ni el recurso empático de su espíritu se prestan al abrirles otras; del desgaste de reconocer esta tendencia, se llega poco a poco a la condena de vivirlo así…

cada día, en esta temporada, me encuentro ante el proceso indefinido de evaluar la trayectoria de mi vida y los hechos y los vínculos que parecen definirla : dado el caso que en los detalles y en momentos así de concentrados y diferentes, en el jardín de la casita del Migdia de Montjuic, con suaves soplos mediterráneos removiendo los sensibles nervios de los pinos, me gustan y me alimentan, no puedo disminuir el valor del rumbo que he seguido para llegar hasta aquí, y así puedo sentir un equilibrio que fundamenta mis energías…

me doy cuenta de que el remordimiento es revisionismo vano, y que la duda existencial es una expresión de la duda que habrá siempre de si se puede confiar en que la intuición seguirá señalando un camino así de tolerable y fructífero…

Un sonido cualquiera —lo más probable, gestos humanos, ritmos humanos y construcciones humanas— y percibimos, inconscientemente y entre sueños, nos llaman, me llaman, me buscan, “ya voy” se puede escuchar como si saliese del fondo de un sueño profundo, decidido por las melodías incómodas de la necesidad y la fatiga : nos llaman, una repercusión del ser en el ser suscita nombramiento, lenguaje, dirección, ubicación, suscita el sentido ético de haber sido llamado, de que nos llamen a participar en el acto de creación que es percibir, y después aplicar fielmente la percepción; un divorcio de hadas de sus hojas, una melancolía prescriptiva que lleva a que haya solemnidad, que se interpreta como el mejor de los premios : el llamado no es salvaje, no es moral, no es tampoco estructurado; es algo que habita ya en nosotros, la resonancia de ello, de lo que busca, siendo, es algo que cae sobre nosotros como si saliese también desde dentro, porque ya forma parte de la percepción en sí, una de las condiciones para que pueda haber percepción, la mirada, el mismo llamado que proyectamos al mirar, que pide entrelazamiento, por lo menos en integrar en algo nuestros conocimientos…

o sea, la percepción, el conocimiento, que o exige confirmaciones o huye de ellas, por inseguridad o reflejo, el llamado ontológico, el lenguaje, el estilo, el color melódico de la noche, la “noche oscura del alma”, la ilusión, la necesidad y la elección, figuran en lo que llega a ser el problema de aproximar una ética exponible : adaptarse a las limitaciones e improvisaciones de un momento dado, poder mudarse de contenido y llenar un hueco nuevo en el espacio interpersonal o ético-moral, significa dejar al lado el proyecto tan gustoso y peligroso de montar un dogma; montarlo viene a ser un imposible, aunque el proyecto de probarlo puede llevar todo un pueblo hacia el abismo de no-hay-más-que-esto de avestruz demoníaco : en el fondo, no es posible fijar las reglas del juego, porque tenemos que “jugar” siempre en un cosmos de flujo y contradicción; esto es elemental, es la base, o tiene que serla, de todo trabajo ontológico, de todo intento de buscar las raíces y las ramificaciones de lo que puede ser, lo que podemos llegar a ser, sin ni cavar en el suelo que nos soporta ni levitar contra la gravedad que nos da la sensación de “tierra firme”…

Molestan las obras cuyas frases siguen trayectorias improbablemente interminables, dando volteretas y cayendo sobre sí mismas como las olas del mar sobre sí mismas; molestan cuando no definen, cuando no llevan a ninguna conclusión, cuando “no se deciden” —como si fuera para un autor de ficción decidir cuál es la verdad de la vida que lleva el lector en el núcleo secreto e inestable de su propio ser—, molestan porque la gente no quiere enfrentar su propia tendencia de no ser fiel al recuerdo, de buscar pautas, monumentos, íconos y dogma, de creer que los que se hayan dedicado a juntar palabras deberían también dedicarse a ordenar para los demás su incómoda y particular dispersión…

pero a mí, me encantan, me alimentan, encuentro en ellas vida y sabiduría, un vehículo para la exploración de mi propio ser, mi consciencia, una manera de llegar a más, de ver más, con más apertura y elasticidad, y mis esfuerzos, casi por un magnetismo natural, gravitan hacia ese labor, hacia el desarrollo de un mar de claridades, un humilde y corredizo bullicio contestatario, simpatizante, apiadado y rebelde, que busque buscando, que reclame ilustrando, que sea la voz de un conjunto que no hace falta decir que es conjunto —ni se reconocería así—, porque en ese flujo ya habita el latido y la musicalidad de ese encuentro escondido en lo múltiple…

Nada es estable, todo es por decisión : solemos pensar que las circunstancias nos exculpan de la problemática de la decisión, que “no tenía opción” o “no había remedio”, que “no tuve la situación adecuada”, como si vivir en lo óptimo fuera un derecho, y cuando llega a tanto, ya hemos ido bastante lejos en nuestras expectativas…

la suerte que tenemos es que la inmensa complejidad del organismo humano sigue repitiéndose con eficacia, lo cual ha hecho que contra todo lo que parece probable, según nuestra experiencia del mundo del que muchas veces no sabemos sacar el jugo, el universo tan contrario a nuestros supuestos gustos e intereses nos ha dado un lugar, posibilitando todas las sustancias y complejidades de las que dependemos, y dejando que el orden y el equilibrio que mantienen nuestro ser y su contorno tal como exigen ser y seguir siendo, en condiciones que, por mucha variación emocional, social y económica que haya, son tan cercanas a lo óptimo que todavía no hay una explicación científica decisiva por cómo ha llegado a ser así…

nada es estable, pero ante la entropía gozamos de una resistencia sorprendente y afortunada : pedimos más que lo que el sorteo de los elementos y las fuerzas básicas de la física cósmica nos ha cedido porque no nos damos cuenta de lo mucho que ya es y lo precaria que es cualquier esperanza de más…

Intensidad, confusión, repetición : uno se pregunta si es el día o la noche, la lucidez o la nube, la fiebre del hambre o el engaño del poder, que ensancha la mente y deja a uno tumbado entre los escombros de su anterior claridad, si es que sólo al comenzar tiene sentido estar comenzando, si después la vida es otra cosa, y es tan imprescindible como inevitable comenzar a dejar de entrar en comienzos y buscar repeticiones cada vez más hábiles o agridulces, pero convencido de que así ha de ser…

uno sueña, uno busca poder soñar, como si fuera una cosa demasiado lujosa para poder permitírsela, pero el sueño es vivirlo soñándolo, y es acción y no una pasiva asistencia a las evidencias más o menos evidentes de cómo es o cómo se vive el mundo : uno sueña porque en el futuro soñado, el sueño habrá sido una preparación seria y una experiencia útil, una manera de organizar los pensamientos y las reacciones, aun antes de tener la posibilidad de hacerlo en el día a día…

he tenido que vivir muchos sueños como si no tuvieran derecho de existir, y es triste ver que les traten así, a los deseos, los conceptos y las invenciones que a uno le dan vida y la hacen parecer que un universo nuevo podría llegar a ser —ser porque sería válido y tendría algo íntegro que ver con lo posible, lo potenciado en la materia de los encuentros humanos, en el recuerdo de lo que le han dado a uno—, pero es una suerte vivir esos sueños, tenerlos, poder a mi manera apostar por ellos, perseguir ese yo que diría que respira más, entiende más, llega más cerca, más alto, y que sabe dar más, alcanzar la meta de desenvolverme en ese fenómeno de vida que sólo puede ser si llego yo, con interés, con entusiasmo, con algo de conocimiento y un talento antiguo bien aplicado…

una nostalgia llega más allá de lo que cita, o recita, llega más allá del presente, busca no un pasado, no tanto como sí busca un enlace, un puente, una manera de saber algo de algo ausente, incluso de poder decir que una ausencia es ausencia, y no otra cosa menos valiente, menos forzosa : llega a decirte que sigues vivo, que aquí mismo, ene ste momento, todo existe, todo “tiene contacto”, que contigo van tus deseos, tus ilusiones y tus desilusiones, tus hechos y no-hechos, tus llegares y medio-llegares, que abarcas siempre todo lo que puedas abarcar, porque de hecho, para eso estamos, en eso el ser tiene su razón…

Una mujer embarazada, ronda los 30 años, morena y plenífera, esbelta y serpentina, porta un ligero vestido blanco, pasa paseando, la líquida mirada hacia arriba, como si llegara y se fuera en un mismo gesto, comunica con otro mundo, el de lo potencial, de lo porvenir, su cuerpo se adapta a la curva plasma superficial que marca la frontera entre ese universo de lo potencial y éste que damos por hecho…

sin conocerla, su ser se ve, se ha entregado —tiene cara de estar a gusto en la entrega y eso es cantar volúmenes— al duro e ilimitable quehacer de dar con vida más vida a lo vivible, de ampliar, como si fuera tan sencillo como desearlo y saber con elegante sagacidad que está bien así, lo potencial de la dudosa y circulocuaz experiencia de estar aquí, existiendo, siempre con un pie y parte de la mirada en lo potencial…

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