Un poeta en la política

[Entrevista de Joseph Robertson, por Katiuska Rodríguez-Lesur]

“Hay mucha gente a la que le gusta decir que lo que quiere de Obama no son palabras, sino cifras. Si quisiéramos cifras y no palabras, no eligiríamos a ningún gobernante ni a ningún abogado, sino a un contable o un jefe de empresa incapaz de imaginar un valor que no fuera aritmético” — afirma Robertson.

Joseph Robertson podría presentarse como la pluma encantada de la poesía, sin embargo, su perfil no acepta el trazo único de esa virtud. El retrato de este intelectual americano brilla con sus propias luces en el mundo de las letras y de la politica. Sus revistas Casavaria y CafeSentido.com, son dos creaciones literarias que navegan en la era digital, como tribuna de foros, como una propuesta de arte, como una actitud filosófica y como el demócrata de pura cepa que es él. En 2004, cuando millones de norteamericanos se dieron cita en la Conferencia Nacional Democratica, Robertson descubrió que un político casi desconocido, Barack Obama, era el hombre sincero e intelectualmente dinámico que necesitaba su país. Cuando sus contemporáneos, tanto en Europa como en Estados Unidos, le decían que era imposible que ganara un hombre como él, el poeta insistía en que por tantos fallos que tuviera el ser humano, y de hecho la cultura de su país, el pueblo estaba listo para dar el paso. Ese viaje intelectual y espiritual por la severidad de la duda ajena, le valió el aprendizaje de no depender del escepticismo y de fortalecer lo que ya nadie tiene, la fe en el potencial de una política justa.

—Los discursos de Obama trascienden en Europa y en muchos lugares del mundo por su elocuencia. pero los americanos manifiestan que no quieren escuchar palabras, sino cifras, hechos reales, resultados…

Joseph Robertson: A veces estas ideas surgen de percepciones generalizadas, pero falsas, por eso sigo citando tales tendencias como ingrediente de respuesta. Hay mucha gente a la que le gusta decir que lo que quiere no son palabras, sino cifras. Si quisiéramos cifras y no palabras, no eligiríamos a ningún gobernante ni ningún abogado, sino a un contable o un jefe de empresa incapaz de imaginar un valor que no fuera aritmético.

—Mucha gente siente que Obama quiere quedar bien con todos. Tomemos como ejemplo el primer discurso de este 2011, ante el Congreso.

Joseph Robertson: Mucha gente cree que cuando Obama habla, debería decir palabra por palabra, lo que desea escuchar y ése no es su trabajo. Cuando no lo hace, esa gente dice que él sólo es un político, o sólo quiere “quedar bien”. El arte de ser presidente es el de representar de veras a todos los ciudadanos, mientras uno hace una política basada en ciertos principios que uno defiende sinceramente y con todas las virtudes que uno tiene.

—¿No crees que en política hay que ser un poco más intransigente?

Joseph Robertson: Yo creo que hay mucha gente que nunca presta atención seria a la política, que cree que comportándose como un burro, como Bush o como Castro, se logra algo, mostrándose “fuerte” contra los enemigos. Para ser digno del privilegio del puesto, un jefe de estado tiene que ser más humano, y más inteligente.

—¿Cuáles son los logros de Obama en esta primera parte de su mandato?

Joseph Robertson: Los liberales se enojan porque Obama no logró la llamada “public option”, pero sin embargo logró la reforma sanitaria más extensa de toda la historia—algo que no había podido hacer en 100 años ninguno de los Roosevelt, ni Kennedy, ni Johnson. En sus primeros dos años, ha logrado más reformas serias y comprensivas que ningún otro presidente desde FDR, o sea, desde hace siete décadas. El ha logrado prohibir que las aseguradoras cancelen la cobertura sanitaria por enfermedades existentes y los lobby con fines de lucro buscan lo que buscan, pero habrá siempre un límite.

—Justamente, el lobbismo con los seguros no se terminó con esta reforma… ¿Cuál es realmente la batalla ganada?

Joseph Robertson: Es verdad que el lobbismo subsiste. Siguen gastando mucho dinero y mucha energía para combatir las reformas que harán del sistema un Mercado más justo. Obama dijo que el Congreso tendría que publicar todos sus encuentros con cualquier lobbyist pagado, que los lobbys y los Congresistas tendrán que ser más trasparentes y que no firmará ninguna propuesta legislativa con “earmarks”, que suelen ser los regalos para los lobby profesionales. Incluso fue más allá diciendo que la reforma tributaria debería incluir la cancelación de todos los “loopholes”, huecos en la ley y provisiones especiales, para las multinacionales, a cambio de una obligación tributaria menor.

—Ademas de demostrar que sabe dar un discurso, ¿qué augura de bueno el presidente Obama para la gran nacion americana?

Joseph Robertson: La verdad es que Obama mostró no sólo que sabe dar un discurso —eso ya lo sabíamos—, no que quiere complacer a todos —eso simplemente no estaba en su discurso, sino que sabe lo que hace, y actúa con estrategia. Es más inteligente que sus enemigos y no va a abandonar su programa político sólo porque ahora el proceso de negociación será más difícil. En términos específicos: el 80% de la electricidad del país, será de fuentes limpias para el 2035, el 80% de los ciudadanos del país tendrá ferrocarriles de alta velocidad para el 2037, por lo menos un millón de coches 100% eléctricos, para el 2015 e Internet de alta velocidad para el 98% de la población en el 2017.

—Pero algo tan simple como bajar el precio del petróleo, ¿no es posible?

Joseph Robertson: Una de las mentiras más graves y más extremas es que el petróleo es barato. No lo es. Lo subvencionamos para esconder del ojo del mercado los gastos extremos que induce. La industria petrolera no puede bajar los precios por tanto tiempo como para hacer que nadie cambia. No hay bastante petróleo en reserva. Y tampoco van a poder bajar los precios más, si Obama logra quitarles todas las subvenciones que ahora reciben. Es un plan basado en la lógica del mercado, pero con la inteligencia de no tirarnos al vacío por una tonta fidelidad a las petroleras. Además, necesitamos el petróleo para otras cosas, para muchas tecnologías médicas, por ejemplo, o para productos químicos y herramientas plásticas que usamos en todos los rincones de la vida cotidiana.

—¿EEUU no tiene la posibilidad de aumentar su producción de petróleo domestico en gran cantidad?

Joseph Robertson: Estados Unidos no es el primer país en cuanto a reservas de petróleo, ni entra en los primeros 10. Es el número 12, entre Kazakhstan y China. China ya importa la inmensa mayoría de su petróleo y eso reduce la oferta de la que podemos sostenernos en este país. Las reservas de EEUU no llegan ni cerca de su demanda. Los lobby de las petroleras entienden esto, e intentan juntar para los suyos toda la riqueza posible. Pero el mercado del petróleo tampoco se interesa por el petróleo, sino por el dinero. Y el mercado del petróleo no manda.

—La realidad es que las barrigas no se llenan con discursos y la pobreza no da marcha atrás. El desempleo es de 9,4%, el barril de petróleo se dispara todos los días, el interés por desarrollar el transporte está postergado para dentro de veinte años, y el filibusterismo continúa.

Joseph Robertson: Es verdad, siguen con el filibusterismo, o sea la piratería legislativa. Pero todo forma parte de un tejido de intereses. Las barrigas no se llenan de argumentos morales, pero el hombre tampoco vive sólo del pan. La industria petrolera ha pasado su cénit y estamos al borde de un boom global en la energía alternativa; esa industria sí podrá rescatar a gran cantidad de gente de la pobreza y llenar las barrigas, sin provocar más daño a los sistemas naturales de los que depende toda la economía global.

—Desde tu punto de vista, ¿cómo ha reaccionado el Presidente Obama ante la crisis de Egipto?

Joseph Robertson: Creo que se ha portado con máxima diplomacia y democracia a la vez, buscando un equilibrio entre la necesidad de apoyar a la gente de Egipto en su reclamación contra los abusos del régimen y la falta de liderazgo democrático. En ningún momento se puso del lado de los abusos dictatoriales, y ha sido constante en su atención al detalle y en promover la aproximación intelectual de todos los interesados a la verdad y la justicia de este momento histórico, que es que el régimen tiene una obligación moral básica de permitir una transición democrático lo antes posible.

—Las relaciones con el mundo árabe hay que cuidarlas.

Joseph Robertson: Creo que las últimas semanas han mostrado que las relaciones con el mundo árabe no tienen que basarse en escoger entre dos corrupciones del proceso cívico: el autoritarismo o el fundamentalismo. Hay una mayoría de gente decente que busca convivir con sus conciudadanos en una sociedad que respeta la dignidad del ser humano y la eleva sobre los excesos y los lujos del poder arbitrario.

—No por gusto salió un millón de gente a la calle.

Joseph Robertson: Sí, tienes razón, no fue por gusto. Fue porque estas cosas son necesarias. Después de mucho tiempo viviendo con mentiras y con abusos, sobreviviéndolos, hay que decir abiertamente la verdad. Y hacerlo juntos vale más, sana más, prepara mejor el camino hacia un futuro más justo. Tampoco fue “por gusto” que el 20 de enero del 2009, me encontré entre 2,5 millones de mis paisanos en la National Mall en el centro de Washington, DC, celebrando la verdad evidente de que un pueblo puede elegir su futuro y cambiar de rumbo.

—Con esta revolución egipcia, ¿qué forma tomara la democracia?

Joseph Robertson: No soy un experto en la dinámica política de Egipto, pero creo que ciertas cosas se ven venir. Este movimiento es un momento clave en la historia de la región, y tiene la posibilidad de lograr que por primera vez en miles de años de historia de una gran cultura, el pueblo egipcio podrá negociar y elegir la forma de su espacio político, las prioridades de su gobierno, y quién accede al poder y por cuánto tiempo. Se ve que es diferente de otros movimientos “anti-gobierno” de los últimos años: en el caso egipcio, esta idea —que la autodeterminación y la priorización de los derechos civiles son mútuamente necesarios, para construir una sociedad justa— seguirá teniendo más poder que ningún extremismo ni ningún elemento partidista.

—Ciertos politólogos consideran que la democracia no es un árbol de navidad, al pie del cuál cada uno encuentra lo que quiere. ¿Qué dices sobre esto?

Joseph Robertson: En términos puramente abstractos, claro que no lo es. Pero creo que la crítica parte del punto equivocado: ningún sistema de gobierno tiene como función darle a cada uno lo que más desee. Los gobiernos representan un contrato social, dentro del cual se ofrecen —se reconocen, se respaldan, se defienden— ciertos derechos y privilegios de los integrantes del sistema político. La democracia, en su forma más desarrollada, le ofrece a cada ciudadano una consideración igual en asuntos de dignidad básica y libertad personal. Los detalles, las políticas específicas, y si podemos conseguir siempre lo que buscamos, eso depende del dinamismo del sistema, y es precisamente para lo que sirve una democracia, para que haya ese conflicto en un ambiente civil y legítimo.

—Una ultima pregunta, ¿qué hace la poesía metida en la política?

Joseph Robertson: Bueno, Percy Shelley dijo que “los poetas son los legisladores no reconocidos de este mundo”. Lo dijo con cierta ironía, creo, pero también con la intención muy clara de señalar que el trabajo de poeta es el de ampliar el lenguaje, de crear un nuevo terreno que servirá para juntar la expresión espontánea con la verdad trascendente. La poesía no es un pasatiempo ni un arte por el amor al arte, o si lo puede ser, nunca es exclusivamente eso; es una exploración, íntima y amplia a la vez, que busca aumentar la comprensión entre seres humanos.

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